Lluís Alabern

Luís Francisco Pérez | El Lápiz

La posibilidad de creer en el azar o de inventarlo como excusa parece estar en el trasfondo de esta forma de hacer arte que nadie podría decir que es arte, pues se conforma de pequeñas cosas y de su apariencia no solamente cotidiana sino realmente intrascendente. El chocolate, las patatas fritas, la comida, nosotros mismos como pedazos de nosotros mismos, es decir, de casi nada, es con lo que trabaja y juega Lluís Alabern en una obra de difícil acceso, que no solamente es transgresora en sus apariencias. Además, como apunta David G. Torres esta la idea de la necesidad, del papel del arte, de cual es realmente su función si es la de reagrupar lo disperso o simplemente de apropiarse de esa disparidad de fragmentos para llenar huecos en un discurso imposible. Si es dar o tomar. En definitiva, una obra que sirve de entrada para plantearnos dudas que son casi eternas, es un buen principio.